El enfoque Gestalt

El objetivo de la terapia Gestalt es fomentar la alegría de vivir y el crecimiento personal. Apoya un contacto vivo, creativo y espontáneo: con nosotros mismos, con otras personas y con el entorno en el que vivimos. En este proceso, se nos anima a fortalecer nuestra autopercepción y a desarrollar un mayor autosostén.

Juntos observamos experiencias que se sienten pesadas o limitantes, ya sea en la relación con nosotros mismos o con los demás. Aquello que vivimos como bloqueo, indecisión, conflicto o vacío interior puede hacerse consciente y trabajarse. Al agudizar nuestra percepción en el proceso terapéutico, los conflictos internos y externos se vuelven más claros y perceptibles. Los abordamos a través del diálogo, así como mediante ejercicios y experimentos específicos.

Cuando percibimos y aceptamos con mayor claridad nuestras necesidades y deseos, surge un contacto sólido con nosotros mismos, una base importante para la orientación interna. La orientación externa la encontramos al dirigirnos hacia nuestro entorno. En este sentido, se presta especial atención al llamado proceso de contacto: en el límite de contacto —allí donde asimilamos algo del entorno o lo rechazamos— tiene lugar el crecimiento. Es aquí donde pueden surgir nuevas experiencias, verdaderos descubrimientos y ampliaciones de nuestro horizonte.

El foco de la terapia Gestalt está en el aquí y ahora. El pasado y el futuro se traen al presente y se trabajan en la experiencia actual. Recordar siempre ocurre en el ahora. Cuando nos acercamos a experiencias pasadas, en ese momento emergen imágenes internas, emociones y reacciones corporales. Dado que el recuerdo está vivo en el aquí y ahora, puede elaborarse integrando la experiencia actual. Las experiencias inconclusas (gestalts abiertas) pueden cerrarse. También el futuro es perceptible en el presente —como perspectiva de vida, como aspiración hacia algo, pero también como desesperanza y mucho más—. Está presente en el ahora y forma parte igualmente del trabajo terapéutico.

A través del trabajo holístico, la terapia Gestalt activa las fuerzas de autosanación inherentes a cada persona. Cada ser humano es valorado como un individuo único, en una sociedad que quizá no siempre ha permitido o deseado esa singularidad.

El enfoque Gestalt se utiliza hoy con éxito en distintos contextos terapéuticos y de asesoramiento: en la terapia individual y grupal, en el trabajo con parejas, familias y niños, así como en empresas y organizaciones de diversos ámbitos profesionales.

Antecedentes históricos

La terapia Gestalt se desarrolló a partir del psicoanálisis y recibió su nombre de la psicología de la Gestalt. Esta se ocupa de cómo la realidad se construye a través de nuestra percepción. Lo que se percibe está relacionado con quien percibe. La psicología de la Gestalt descubrió que las personas organizan su percepción de manera que resulte un todo significativo. Este hallazgo fue aprovechado por la terapia Gestalt, que por un lado entrena la percepción hacia el presente y, por otro, se dirige hacia lo que ha quedado pendiente. Estas gestalt abiertas no resueltas aparecen repetidamente en nuestra vida como perturbaciones hasta que se completan, es decir, hasta que alcanzan un cierre que resulte significativo para el individuo.

La terapia Gestalt fue desarrollada por el matrimonio alemán de analistas Laura y Fritz Perls y por el escritor y activista político estadounidense Paul Goodman. Laura y Fritz Perls, quienes en 1930 huyeron del nazismo primero a Sudáfrica y luego a Estados Unidos, abandonaron en su trabajo con los clientes el llamado lugar seguro y poderoso del analista detrás del diván, a favor de un encuentro igualitario con los clientes. El enfoque psicoanalítico sufrió diversas adaptaciones y ampliaciones: Perls y Goodman abogaron por transformar la situación clínica en una situación experimental, donde, por ejemplo, la inhibición, la resistencia y la negativa no se consideren indeseables. Más bien, se busca que los clientes, dentro de un marco terapéutico protegido, reciban apoyo para acercarse de manera gradual y exploratoria a emociones y temas difíciles.

Con la introducción del concepto figura/fondo de la teoría de campos de Kurt Lewin, el trabajo con experiencias pasadas adquiere una nueva dirección:

“Nuestra historia es el trasfondo de nuestra existencia; no es una acumulación de hechos, sino el registro de cómo llegamos a ser lo que somos. Solo cuando las perturbaciones del trasfondo, que van en contra del soporte de nuestra vida presente, pasan al primer plano para poder ser tratadas, es posible que se transformen de déficits (gestalts incompletas) en funciones de soporte.”

(Fritz Perls, Fundamentos de la terapia Gestalt: Introducción y registros de sesiones, Stuttgart 2007 [12.ª edición], p. 76. La cita data de 1969.)

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